Nacida en el Pallars, creció rodeada de silencio, montañas y luz. Quizá por eso la pintura se ha convertido para ella en un lugar donde poder detenerse y respirar. Estudió Bellas Artes y ha probado distintos caminos, pero siempre vuelve a la pintura, como a un espacio de calma.
Pinta sin querer explicar nada cerrado. Sus obras abren espacios para que cada cual entre a su propio ritmo. Le gusta que quien observa encuentre su propia lectura, que complete sin prisas aquello que ella solo propone.
Sus colores son medidos, tranquilos y llenos de aire. Hay una sencillez que no es fría, como las cosas que simplemente están ahí y no necesitan hacer ruido. Ante uno de sus cuadros, es fácil sentir cómo todo se ralentiza un poco.
Se puede descubrir más de su mundo en @gorettyart